EDITORIAL
Fátima Bosch es la cuarta mujer mexicana que se ha colocado en el pináculo mundial de los estándares de belleza evaluados por el jurado en turno, sólo que a diferencia de sus antecesoras, la tabasqueña es ya una histórica en el mismo certamen, marcando un antes y un después.
Días antes, Nawat Itsaragrisil, director regional del concurso en Asia, acostumbrado a tratar a las participantes como mera mercancía, le faltó al respeto frente al resto de sus compañeras al referirse a ella con gritos.
Lo que Nawat no sabía es que iba a encontrar en Fátima a alguien que iba a anteponer su dignidad a cualquier corona, por lo que decidió dejarlo hablando solo… otras participantes siguieron a la mexicana, rompiendo la concentración.
Según los estándares de belleza de la actualidad, cualquiera de las participantes podía quedarse con la corona de Miss Universo y no recibir réplica heterosexual alguna, pero el jurado se decidió por la mexicana, misma que tras el episodio, regresó aún más fuerte y lo demostró con su presencia.
Ayuda a la confianza de Fátima ser Licenciada en Moda y Diseño, y contar con estudios en Milán (Ita) y Vermont (USA).
La victoria de Fátima es una victoria de todas: antes que cualquier título o reconocimiento, son mujeres, y aún en las situaciones más complicadas, si su causa es justa, siempre encontrarán sororidad de otras mujeres incluso si se trata de contra quienes compiten.
Su corona trasciende el 2025, es generacional.