El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó recientemente una orden ejecutiva que impone aranceles a los países que vendan o suministren petróleo a Cuba, argumentando que el régimen cubano representa una amenaza para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos.
Según un comunicado de la Casa Blanca, la orden establece un nuevo sistema arancelario que permitirá a Washington aplicar tarifas adicionales a cualquier nación que, de forma directa o indirecta, provea crudo a la isla.
La implementación de esta medida estará a cargo de los secretarios de Estado y Comercio, quienes tendrán la autoridad para emitir reglas y directrices para su aplicación. Además, se contempla que el presidente pueda modificar la orden si Cuba o los países involucrados toman acciones que se alineen con los objetivos de seguridad nacional estadounidenses.
La administración Trump justificó esta decisión al señalar que el gobierno cubano mantiene lazos con actores hostiles y organizaciones consideradas terroristas, alberga capacidades militares e instalaciones de espionaje rusas, y contribuye a la inestabilidad en la región. Bajo esta argumentación, Washington sostiene que estas acciones representan una amenaza ’inusual y extraordinaria’ que requiere una respuesta inmediata.
La orden se emite en un contexto delicado para México, ya que en los últimos meses, Petróleos Mexicanos (Pemex) ha incrementado notablemente sus envíos de crudo y combustibles a Cuba. Esta decisión ha generado un posible riesgo en las relaciones bilaterales con Estados Unidos, especialmente con la próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Expertos y analistas han advertido que estos envíos podrían convertirse en un factor de presión comercial y política por parte de Washington, dado que representa un tema sensible dentro de la agenda de seguridad nacional estadounidense. Desde el gobierno mexicano, los envíos a Cuba han sido justificados como ayuda humanitaria, aunque la discusión sobre este tema continúa tanto en el ámbito económico como en el diplomático.
Recientemente, la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó la suspensión del envío de petróleo a Cuba, subrayando que se trata de una decisión soberana del Estado mexicano. Este movimiento podría reducir la exposición de México ante eventuales represalias comerciales derivadas de la nueva ofensiva de Trump contra el régimen cubano.
La Casa Blanca enmarcó la orden ejecutiva como parte de una estrategia más amplia para endurecer la postura de Estados Unidos frente a gobiernos considerados hostiles, y recordó que Trump ya había adoptado una línea dura contra Cuba durante su primer mandato, revirtiendo el acercamiento impulsado por la administración de Barack Obama.
Además, el gobierno estadounidense recordó que en 2025 impuso restricciones parciales de viaje a ciudadanos cubanos y reforzó su política hacia la isla mediante un Memorándum de Seguridad Nacional. En este contexto, la advertencia implícita para terceros países es clara: el comercio energético con Cuba podría traducirse en costos arancelarios y tensiones comerciales con Estados Unidos.
Para México, la decisión de Trump añade un nuevo elemento de incertidumbre a la relación bilateral, justo cuando el país busca preservar la estabilidad del T-MEC y evitar que factores geopolíticos deriven en medidas que afecten exportaciones, cadenas de suministro o flujos de inversión.