La Hoguera
Emmanuel Ameth
El presidente de Estados Unidos Donald Trump no sólo ha bombardeado 7 naciones distintas antes de cumplir su primer año de gobierno en su segundo mandato, sino que, entre sus críticas y amenazas, ha mencionado a los gobiernos de las naciones latinoamericanas de Venezuela, Colombia y México, lo que ha llevado a que una minoría entreguista mexicana, se ilusione con próximas acciones militares del vecino del norte para ’ganar’ mediante la fuerza lo que el pueblo de México les niega en las urnas.
Olvidan sin embargo que las condiciones políticas, económicas y sociales que tiene México, además de su relación con los Estados Unidos, son completamente distintas a las que tenía Venezuela con ellos, por lo que un operativo como el que llevó a Nicolás Maduro a estar tras las rejas no sólo es improbable sino que es además, inviable.
Las condiciones políticas
Nicolás Maduro no fue el personaje que instauró el chavismo, sino su sucesor. Durante el primer año del mandato de Hugo Chávez, la economía venezolana ocupaba la posición 67 mundial en índice de Desarrollo Humano (IDH), esto es, el indicador de la calidad de vida que elabora Naciones Unidas, y en 2012, lo dejó en la posición 78.
Si bien existe una baja, hagamos un comparativo: en el año 2000, México ostentaba la posición 58 mundial, pero en 2012, había alcanzado el lugar 80 en el orbe, esto es, que Chávez hizo que Venezuela tuviera mejores condiciones de vida que México, lo cual consiguió desde 2007 y así lo mantuvo incluso después de abandonar el cargo por la enfermedad que le aquejó sus últimos años de vida.

Fue en 2012 cuando Chávez ganó sus últimas elecciones, de las cuales incluso no pudo hacer campaña por su estado de salud. Su vicepresidente fue Nicolás Maduro, quien después fue presidente interino y finalmente fue investido en urnas ese mismo año.
Con Maduro sin embargo, el chavismo no tuvo los mismos resultados que con su antecesor.
Y aunque Maduro guarda mucha culpa en ello, lo cierto es que tampoco la tuvo fácil: los intentos golpistas financiados desde USA fueron una constante que se sumó a las primeras sanciones estadunidenses que datan desde 2014, es decir, apenas a un año de haber asumido su mandato. Dos años después, vendría el fenómeno migratorio de desplazamiento a otras naciones que continúa al día de hoy.
Con Chávez nunca hubo duda del apoyo popular que recibía, pero con Maduro, la cosa fue distinta, al grado que en 2020, 50 naciones desconocieron su victoria en urnas y en ese mismo año el gobierno de Estados Unidos publicó su primera recompensa por el mandatario: 15 millones de dólares por su captura y 10 millones más por la captura de su círculo más cercano.
Más tarde, en 2024, Joe Biden elevaría la cifra inicial de Trump a 25 millones y nuevamente Trump, durante su segundo mandato en 2025, publicaría una nueva cifra que duplicaba la anterior, haciéndola de 50 millones.
Maduro incluso ironizó que esperaba su arresto, retando al gobierno de Donald Trump a hacerlo, condición que se cumplió en 2026 tras acusaciones que en un principio mencionaban narcoterrorismo, pero que en los hechos, durante la primera conferencia de Trump al respecto, confirmaron las sospechas chavistas del asalto, el petróleo, el cual fue mencionado en 6 ocasiones por 0 de la palabra democracia y 1 más referente a recursos energéticos.
Es así que mientras el mandato de Maduro estuvo caracterizado por el asedio y la duda sobre su verdadera popularidad así como la legalidad de las elecciones, la mandataria mexicana tiene condiciones distintas.
Sheinbaum da continuidad a un proyecto soberano y de dignidad nacional que le valió ganar 2 a 1 frente a su principal competidora. Su antecesor, López Obrador, de igual forma obtuvo más votos que el resto de sus contendientes juntos sin un ápice de duda nacional o internacional sobre las preferencias electorales.
Claudia Sheinbaum no sólo goza de una aprobación que rasca el 80% sino que, como mandataria al frente de un país, es la de mayor aprobación del mundo. No tiene fichas de búsqueda ni acusaciones directas como sucedió con Maduro, por lo que si bien su discurso sobre ser un país independiente y no una colonia no es del gusto de los yankis, el resultado de una intromisión tan directa no lograría ni remotamente los resultados obtenidos en Venezuela donde, por cierto, no sólo no ha visto calles abarrotadas, sino que en las pequeñas manifestaciones que se observan, las más numerosas son a favor de Maduro.
Las condiciones económicas
México es el principal socio comercial de Estados Unidos. Es su principal comprador y su principal exportador, al grado que el flujo comercial entre ambos equivale al 4% de la economía estadunidense, esto es, que una eventual invasión llevaría a la nación de las barras y las estrellas a una recesión económica, la tercera de este siglo, con potencial de ser la peor de las mencionadas pues afecta directamente a las cadenas de producción de su industria, no sustituibles en el corto plazo.
Pero hay más.
Los estados más “ricos” de Estados Unidos son California y Texas, quienes en conjunto suman el 23% de su PIB, siendo además, las regiones que mayores vínculos comerciales -e incluso culturales-tienen con México, representando una catástrofe económica para Estados Unidos romper dicha sinergia.
El enemigo comercial de Estados Unidos es China y para hacerle a las BRICS, que acumulan el 40% del PIB Mundial, es imperioso que mantenga buenas relaciones tanto con México como con Canadá. Pueden presionar -y lo han hecho desde siempre-, pero no se pueden dar el lujo de tensar la cuerda hasta que se rompa.
Las condiciones sociales
A Trump le importan poco las manifestaciones a favor de otras naciones que se dan alrededor del orbe: la fuerza de las bombas se impondrá siempre ante la razón.
Pero justamente su talón de Aquiles es lo que se vive dentro de su mismo territorio.
Una década de sanciones a Venezuela ha provocado que, en efecto, existan voces que quieran cambiar su situación, pero en México, es una mayoría aplastante la que comulga con la ideología del gobierno actual, y aunque llevan años planificando golpes blandos, el desgaste se lo han llevado ellos justo por los impedimentos económicos para tomar acciones más directas.
El mismo pueblo de Estados Unidos, allí sí, se encuentra polarizado y radicalizado, por lo que lo último que le falta es tener a más de 25 millones de habitantes (mexicanos) en su mismo territorio, teniendo que ser vigilados como potenciales focos de inseguridad, un “arma”, que ninguna otra nación del mundo tiene ante ellos, y que si bien tampoco puede leerse de manera tan simplista, es un riesgo que no están dispuestos a tomar, especialmente cuando los beneficios no serían tan claros porque no son tan distintos de los que ya obtienen de México con su tutelaje pasivo-agresivo.
Lo que sí podría hacer Estados Unidos
Estados Unidos, hasta hace unos pocos años, registró más de 100 mil defunciones anuales por sobredosis, pues es la nación donde se destina la mitad de la producción mundial de sustancias ilegales, es decir, que sus consumidores son la mitad de la demanda mundial.
El 60% de estas, se deben a la sustancia F cuyos precursores son fabricados en China, pero cuyo producto terminado procede casi en su totalidad de México. El otro 40%, el de la sustancia blanca, llega casi totalmente por vía marítima (pero no de México).
Es por lo anterior que presionan a México para detener a toda costa su fabricación, alegando que sin su producción, no habrá consumo.
México por su parte refiere que no habría fabricación si los vecinos no tuvieran dicho consumo, alegando además que sus productores obtienen armas provenientes de los Estados Unidos.
Y es allí donde el círculo irracional se completa, porque así como es infantil creer que deteniendo la producción de sustancias se acabará con la demanda, también lo es que acabar con la producción de armas frenará la demanda de las mismas por los grupos delictivos.
Nadie en su sano juicio pediría a las fuerzas armadas de otro país en su territorio no sólo por soberanía, sino por el saqueo que como fama a bien se han ganado con unas 36 intervenciones en medio centenar de países desde el término de la Segunda Guerra Mundial, pero lo cierto es que poco se puede realizar y en tal caso, el camino sería el de negociar el tipo de “asistencia” que darán, sus limitaciones -a lo más, como buen deseo-, así como la forma en la que se pagaría ello de manera clara (para que no suceda como a Ucrania, donde encima perdieron, o más recientemente como sucederá con Venezuela).