La Cuarta Transformación gana dos de cada tres elecciones estatales desde 2018, además de aplastar en las federales consiguiendo la mayoría calificada en ambas Cámaras, lo que quiere decir que incluso si se juntase la oposición en un solo bloque, no tienen la capacidad de incidir en ninguna votación.
Más allá de que así lo decidió la gente, ha influido que entre todos los perfiles que conforman la derecha mexicana, no hay uno solo que no sea considerado un impresentable.
Y aunque el magnate Ricardo Salinas Pliego no es distinto a dichos perfiles, al menos cuenta con recursos para costearse sus propias campañas, pues lo poco que llega a la oposición, en función de su escasez de votos, es concentrado en unas pocas manos y por eso ya no pueden mirar hacia el futuro, pues están en un círculo vicioso donde lo poco que llega no se usa para crecer, sino para ser aprovechado en los que mañana tendrán que apagar las luces.
A Salinas Pliego lo acompañaron durante la presentación de su agrupación los empleados de sus medios de comunicación, pero también personajes no menos impresentables que sus voceros, quienes tiraron las máscaras para operar abiertamente hacia quienes siempre lo han hecho: hacia los poderosos, los privilegiados, los abusivos.
Y aunque analistas serios han augurado un fracaso similar a quienes lo intentaron antes que él de manera reciente, no se le debe menospreciar, pues se juega el todo por el todo y tiene el tiempo en contra: Salinas Pliego pierde fortuna cada día y si le exigieran de un momento a otro todos sus adeudos que tiene tanto con las autoridades fiscales como con accionistas de este y otros países, no le quedaría más que rematar lo que aún le queda.