La Hoguera
Emmanuel Ameth
En voz de Ignacio Mier Velazco, presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, la Reforma Laboral que se impulsa incentivaría a los empleadores a que reduzcan la jornada laboral a 40 horas, como ya sucede en la mitad de los países del orbe.
Pero la declaración es engañosa.
Para empezar, no contempla la obligación de que los trabajadores tengan 2 días de descanso por jornada laboral.
Bajo la premisa anterior, aún podrían hacer que los trabajadores laboren un sexto día con el ’incentivo’ de que ese sexto día, a grandes rasgos, se pague al doble -en realidad, como las horas extras se limitan a 4 por día, los días 5 y 6 pueden programar una jornada de 4 horas para cada uno, y luego pagar el excedente como ’horas extras’-.
Y no es que ganar un 14.3% más sea poca cosa para un trabajador, sólo que -otra vez en general-, en realidad sólo sería de un 13% si se contemplan los tabuladores de impuestos para aquellos que apenas superen el salario mínimo, recordando además, que los aumentos a los salarios mínimos han dado resultados similares y de manera anual.
Lo ideal habría sido que, en caso de no contemplarse 2 días de descanso obligatorio, al menos los costos de hacer que el trabajador labore ese sexto día le hagan replantearse el incrementar su plantillaa, y de esta forma indirectamente impulsar también el empleo.

La trampa de la tabulación
Acercándonos a un salario mínimo, hoy una persona que labora 48 horas semanales percibe 2,400 pesos como remuneración. Con la Reforma, en 2030, por trabajar las mismas 48 horas semanales cobraría apenas 2,800 pesos -sin contemplar los impuestos sobre dicho excedente, que dejarían la cifra en un estimado de 350 pesos-.
Pero además, si recurrimos a una jornada máxima semanal de 60 horas, es decir, promediando 10 diarias durante 6 días a la semana -porque en realidad hay un tope de 4 horas extra por día con un máximo de 4 días por semana-.
Y es que bajo el esquema de hoy, pagando a 50 pesos la hora, se alcanza un máximo de 3,750 pesos semanales, pero en 2030, la cifra apenas asciende a 3,800 pesos, pues los “pagos triples” se cuentan a partir de la hora 13 y ya no de la 10. Si acaso, bajo este modelo la jornada laboral máxima se reduce en 4 horas, es decir, que laborando 56 horas semanales en 2030, se ganaría prácticamente lo mismo que hoy con 60 horas.
Aunque se expresa fácil, 56 horas semanales son una locura, pues equivale a laborar 10 diarias de lunes a viernes, y 6 más alguno de los dos días del fin de semana -simplificando las combinatorias en las designaciones de horario-, pues además hay que contemplar los arreglos que se hacen para asistir a una jornada laboral, donde solamente en transporte suelen invertirse alrededor de 2 horas en promedio por día.
ATIZOS
Desde el punto de vista de la política pública, la Reforma Laboral es una herramienta más de la estrategia que permitirá a los trabajadores hacerse de 2.5 canastas básicas con un salario mínimo en 2030, es decir, que no es poca cosa si se contempla que antes de 2018 no alcanzaba ni para una.
Sin embargo, deja la impresión, fundada, de que no existió nunca un interés real por dar dos días de descanso a los trabajadores por semana, lo que habría dejado al trabajador mexicano como aquel con menor jornada en toda Latinoamérica, antes bien, regula las horas extra para que éste pueda seguir trabajando por jornadas que parecen interminables sin que ello siquiera signifique un desembolso que “duela” a los dueños de los medios de producción.
Es así que los empleadores encuentran facilidades para la explotación, los gobernantes incrementarán sus ingresos mediante las retenciones por ingresos excedentes de los trabajadores, y aunque los trabajadores han visto mejorías como nunca antes en el país, son los que menos ganan con esta Reforma.